Lo Pueden Todo...
Es difícil explicar hoy, al cabo de 40 años, el impacto que los primeros Madelman causaron a los niños españoles en las Navidades de 1968. Hay que remontarse a un tiempo en el que en las mejores jugueterías reinaban cosas como el Golositón Payá, el joyero Collarín, el Telesketch, la Bandeja Pandereta, el Biberón Mágico y los Juegos Reunidos Geyper. La aparición de unos muñecos articulados de 17 centímetros que, según la publicidad de la época, lo podían "todo" era una irresistible promesa de aventura que dejaba a los chavales enganchados a los escaparates; a menudo, para desesperación de los padres, que no acababan de ver claro eso de que sus hijos varones jugaran a vestir y desvestir maniquís.
"Mi padre se resistió mucho a comprarme un Madelman. Y antes de hacerlo, pidió todo tipo de explicaciones a la dependienta, porque no le veía nada claro". Lo explica Carles Carrera, que consiguió su primer muñeco en 1969 --un hombre rana de reconocimiento-- y que hoy es uno de los más distinguidos coleccionistas de Madelman de Catalunya. Carrera rememora con entusiasmo contagioso la fascinación que despertaban los primeros homúnculos de Manufacturas Delgado (Madel): "Estaban a años luz de los demás juguetes. Estaban hasta demasiado bien hechos. Llevaban un cuchillo en una funda y pensabas: 'Estará pegado'. Pues no. El cuchillo salía de la funda, ¡y además la hoja tenía filo y era cromada! El nivel de los detalles era alucinante".
La historia del Madelman empezó a escribirse cuando las familias Andrés y Arnau compraron la marca Madel, dedicada a la fabricación de productos plásticos, y se lanzaron a la aventura de crear un muñeco articulado tomando como inspiración el Gi Joe estadounidense. La figura resultante, diseñada por el escultor Alfonso Díaz, era más reducida que su modelo (17 centímetros era el tamaño mínimo para que fuera posible coser la ropa) y su sistema de articulaciones le dotaba de "una superioridad indiscutible en lo que a articulación y naturalidad de pose se refiere", como apunta el músico Pedro Andrea, coleccionista y autor de la monografía Madelman. Historia del más famoso muñeco articulado español.
El 'modelo Suárez'
La patente del invento lleva fecha del 22 de febrero de 1968, pero fue en la campaña navideña de ese año cuando los tres primeros modelos --tropa de choque, tropa de montaña y marinero-- llegaron a las tiendas en unas cajas rojas con la leyenda "la más perfecta miniatura articulada del hombre". Aquellos muñecos fundacionales tenían los ojos pintados a mano y las muñecas soldadas al antebrazo, imperfecciones que la versión de 1970 corrigió. A partir de 1976, el Madelman inició una segunda etapa de la mano de un nuevo maniquí --el llamado modelo Suárez-- con pies, pelo de goma y ojos tampografiados y sin la camiseta imperio que lucía su antecesor.
La crisis económica de principios de los 80, sumada a la pujanza de los Clicks y al impacto que en el mundo de los muñecos articulados tuvo la mercadotecnia de La guerra de las galaxias, propició la quiebra de Madel y la muerte de los Madelman en 1983. Hoy, un cuarto de siglo después, son objeto de un culto cada vez más extendido que ha disparado los precios de las piezas originales (por una Misión Safari en perfecto estado, el arca de la alianza de los coleccionistas, se han pagado 8.000 euros) en una espiral inflacionista cuyo fin no parece cercano. "Aquí --dice Carles Carrera-- lo que hoy parece un robo será la ganga de mañana". ¿La burbuja madelmaniaca?
Fuente: El Periódico de Catalunya (www.elperiodico.com)