Long Train Running
Querida Maleni, te escribo esta entrada para que estés informada de nuestro regreso a casa en tren, tras comprobar que Renfe sigue siendo un caos en Barcelona y aledaños gracias a tu intervención y la de tu pandilla. Habiendo sido el regreso en domingo por la noche, aún debemos estar agradecidos de que el tren llegó directamente a la estación, sin parar antes para que los sufridos viajeros pudiésemos terminar el trayecto en autobús, como parece ser que ocurre con todos los trenes Alvia durante la semana laboral...
Salida de Madrid: ningún problema. A pesar de la marea humana que la invade, la estación de Atocha está bien acondicionada, y ni tan solo el control de equipajes fue demasiado molesto. Todo correcto durante las paradas de Zaragoza y Lleida: el Alvia es un tren pequeño pero veloz, cómodo y no iba atestado. Pero al llegar a Tarragona, comienza el calvario para los usuarios que tenemos Barcelona como destino. Las dichosas obras del AVE obligan a hacer un recorrido alternativo, que alarga la duración del viaje en una media hora. La vía transcurre por el interior de multitud de poblaciones, lo que obliga a ir a poca velocidad, y hace el último tramo del viaje interminable. El tren estuvo parado en tres ocasiones, durante mas de cinco minutos, casi habiendo llegado a su destino, por problemas generados por la entrada de otros convoyes en la estación. Nadie de la tripulación nos informó de esta circunstancia y el por qué de estas paradas, ni por megafonía ni por ningún otro medio: nos enteramos justo al llegar porque una joven viajera, inquieta y visiblemente molesta por todo lo ocurrido, fue ex-profeso a preguntar al interventor y nos lo comentó cuando cogíamos las maletas.
Los últimos kilómetros son descorazonadores: todo en obras, y a pesar de lo avanzado de la hora (once de la noche de un domingo), había obreros trabajando por todas partes. Todo es provisional, todo está sucio: bajamos en los andenes nuevos, pese a que aún no están terminados del todo. Es muy posible que la nueva estación sea magnífica una vez que terminen las obras, pero hasta entonces, lo único que quieres es salir lo antes posible de todo aquel desmonte. Los alrededores de la estación son un caos de vallas, maquinaria, medianas y espacios estrechísimos para pasar: se nos hace imposible coger un taxi, y los pocos que pasan libres nos ignoran. Recorremos el paseo de Sant Antoni cargados como mulas con todo nuestro equipaje, hasta llegar a la carretera de Sants. Allí podemos coger un autobús que, tras un breve trayecto, nos deja a una distancia razonable de casa. A veces me pregunto por qué a los humanos nos gusta tanto viajar, y pasar por todas estas penalidades y trabajos, para simplemente ir de una parte a otra...
Y todo lo doy por bien empleado por haber conocido a Moona y Larson este fin de semana, y por haber compartido con ellos estas escasas 48 horas en otra ciudad. Sirva esta entrada del blog no solo para engrosar la cuenta de vergüenzas ajenas a costa de Maleni, sino para darles a ellos las gracias por como se han comportado con nosotros: realmente admirable. Si, como hemos hablado, nos devolvéis la visita pronto, espero que vengáis en avión...