Que Vivo Sin Vivir En Mi...
El famoso verso de Santa Teresa me rondaba la cabeza (tuve una educación muy clásica) esta mañana cuando recapitulaba sobre mi última gesta: instalar Mac Os X ("Tiger") en mi PC. Y trabajar con él como si tal cosa... Desde que el iBook aterrizó en casa, no he parado de leer documentación y averiguar cosas sobre OSX, en un intento de ponerme al día lo antes posible y ayudar en lo que se pueda a Marta con la transición a la nueva máquina. Una cosa lleva a la otra, y cuando leí algo sobre "Macs caseros", y la posibilidad de instalar un Mac OS X completo y funcional en un PC normal y corriente, seguí tirando del hilo con vivo interés...
Antes de nada, pongámonos en situación. En el justo instante en el que Apple anunció que dejaba de usar las CPU Powerpc para cambiarse a los "chips" de Intel, todo el mundo se hizo la misma pregunta: ¿Podría funcionar Mac OS, compilado para Pentium, en un PC clónico normal? Hasta un cretino como yo fue capaz de vaticinar que eso pasaría. Jobs se lo podía imaginar, y anunció de manera categórica que no ocurriría tal cosa, que el "hardware" de Apple sigue siendo exclusivo y que no existiría una versión de OSX para ordenadores "blancos", que se pudiera comprar e instalar en algo que no sea un Mac bendecido por Cupertino. Para cuando Apple anunció Bootcamp (una aplicación que permite instalar XP en un Macintosh, coexistiendo con OSX, a la que decidieron no dar soporte oficial), los listos de la tribu ya llevaban tiempo trabajando para hacer realidad su sueño.
Resumiendo mucho, la cosa consiste en que una serie de personajes que saben latín, partiendo de una versión para desarrollador de OSX, han modificado el kernel del sistema operativo, obviado la protección de "solo hardware exclusivo" de Apple y realizado mil ajustes internos. El resultado es una versión del Tiger (la mas reciente es la 10.4.8) que puede funcionar con garantías en PC con un hardware por encima de lo estándar. OSX no deja de ser un Linux, aunque muy bien implementado y presentado.
El reto de hacer algo como esto radica en el distinto camino tecnológico que han seguido Macs y PCs. El Mac es "endogámico" en cuanto a hardware; en cambio el PC admite miles de combinaciones, marcas y fabricantes de piezas. Esa es la razón de que los Macs tengan fama de ir "finos", todos los modelos usan los mismos recursos, y de que se pueda desarrollar OSX con un equipo de 50 personas: no han de preocuparse por los "drivers". "Mutatis mutandi", he aquí el porqué Microsoft ha precisado de unos 2.000 programadores para alumbrar Vista, y de que Steve Ballmer farolee de la base de datos de controladores con mas de 19.000 entradas de su retoño.
A nadie se le escapará que instalar OSX en un PC es piratear a Apple, y por lo tanto, es ilegal: un cebo demasaido apetitoso para los "hackintosh", nombre que reciben los devotos del OSX de Apple... pero sin Apple.Por esta razón, no voy a entrar en detalles ni dar indicaciones precisas acerca de como se puede hacer esto: si os interesa el tema, espabilad un poco, como hice yo. La información está ahí fuera, solo hay que saber buscarla. Y sin esforzarse demasiado.
Lo primero es hacerse con una copia del OSX86, como lo llaman los que están en el ajo. La versión mas famosa es la de un tal "Jas", al que todo el mundo en la comunidad de OSX86 reverencia como si fuese el Papa de Roma: parece ser que él es el responsable de los "hacks" que han dado alas y difusión al proyecto. Conseguí una imagen ISO del DVD versión 10.4.7, casi cuatro megas para bajar... La pasé a disco, leí unos cuantos tutoriales en inglés, y me puse manos a la obra.
Lo que casi todo el mundo hace es particionar el disco duro para alojar Windows y OSX a la vez, y tirar de arranque dual. Me entran sudores cada vez que oigo hablar de Partition Magic (hace unos años era sinónimo de cargarte el disco duro, aunque ha mejorado mucho desde entonces), así que opté por el Acronis Disk Director, y por seguir los tutoriales según mi buen criterio. Quería preservar Vista a toda costa, XP me preocupaba menos, pues hice un Ghost antes de empezar con la debacle. Las dos primeras instalaciones de OSX no tuvieron éxito, y no logré que el sistema arrancara: por lo que había leído, esto es lo mas normal, y hay que hacer auténtica magia arcana para poder lograr el objetivo.
En materia de discos duros, soy mas clásico que la postura del misionero a oscuras, y como que no me gusta andar con particiones y demás si no es cuestión de vida o muerte, me fui a ver a mi proveedor, y me traje un Seagate S-ATA de 80Gb a precio de saldo. Lo instalé en un suspiro, le hice partición única (pero no formato), y volví a insistir con la instalación del OSX. El instalador, que arranca de DVD, es el "oficial" de Apple, solo se le han añadido los módulos necesarios para el "hack". Desde el propio instalador formateé el disco como HFS Plus Journaled ("con registro"), y lancé el proceso, que ya me se de memoria. En unos 20 minutos había concluído: reinicié la máquina, seleccioné para arranque desde la BIOS el nuevo disco, y me preparé para lo peor.
Me quedé helado al ver que OSX arrancaba como si tal cosa, e iniciaba los cuadros de diálogo necesarios para la configuración. ¡Que yo sepa, en los foros nadie afirma que le haya ido a la primera sin toquetear nada! Cuando fui capaz de tragar saliva, ahí estaban todos los elementos que he aprendido a manejar en el iBook: el Dock, las preferencias del Sistema, la manzanita en la parte superior izquierda y el menú del Finder. Por el momento, no tengo sonido, por no reconocer OSX la tarjeta de sonido Realtek de la placa base, ni puedo usar gráficos avanzados (léase doble pantalla) por funcionar solo el modo VESA de la Nvidia. Safari tiene tendencia a colgarse con frecuencia, y como eran ya las tantas, preferí apagar e irme a dormir. El primer paso está dado. No se ponga triste, señor Jobs: esto significa que habrá un verdadero renacimiento del Macintosh en nuestra humilde morada. Tómeselo como un cumplido: teniendo cuatro Macs ahora mismo en casa (G3, iBook, Classic y Powerbook), que el siguiente en la lista sea un poco de "pega" tampoco es tan grave. Sepa usted que en España decimos mucho eso de "no hay quinto malo".