Aqui no hay quien trabaje
Viernes al fin... Puedo descansar un poco y seguir configurando Vista a mi gusto, pues ahora tengo la misma sensación que cuando te mudas a un piso nuevo, y tienes todo metido en cajas, por lo que no encuentras nada. Pero no va a ser así: los teleoperadores parecen haberse puesto de acuerdo para darme la tabarra. No son ni las seis y ya llevo dos llamadas inoportunas que no solo han roto mi concentración, sino que me han provocado un buen cabreo.
La primera, para variar, ha sido de Ya.com. Por el eco, el retardo en la conversación y el acento del operador, me apuesto lo que sea a que me estaban llamando desde Latinoamérica. Deslocalización de telemarketing a lo bestia: por si no bastara con como pagan y como tratan a los teleoperadores de plataforma aquí, se llevan la explotación a otro país para pagar menos aún... y les importa un pimiento la calidad del servicio.
El caso es que el chico me ha pillado bastante frío, y apenas le he contestado con monosílabos. Mientras pensaba qué contestar, la fortuna se ha puesto de mi lado y la comunicación se ha cortado... es lo que pasa cuando llamas por IP desde el otro lado del charco. Menudo alivio...
Pero a los cinco minutos, ha sonado de nuevo el teléfono, y otra voz con espeso acento latino ha preguntado por mi nombre y pedido que le confirmara la dirección de mi calle. Me he puesto en guardia enseguida. Mi interlocutor se ha presentado, y me ha soltado una perorata en la que solo he acertado a entender las palabras "visita", "sin compromiso", "metros cuadrados" y poco mas. He tardado un rato en comprender lo que me estaba ofreciendo: una tasación de mi piso. Me ha costado mucho no entrar en cólera: bastante me dan ya la paliza los de Tecnocasa con el asunto cada mes, cuando vienen a dejarme su "revista", como para entrar ahora en una dinámica de "tasación por telemárketing". El tipo ha admitido que ha sacado mis datos de las "páginas blancas", y como no mejore un poco su manera de explicarse, pocas tasaciones va a hacer...
Negocios que mueven millones, como las comunicaciones y las inmobiliarias, son incapaces de contratar personal con una mínima cualificación y pagarles con decencia. Prefieren a gente que se ve obligada a trabajar en lo que puede para subsistir, a la que no se da formación alguna, y hacen lo que pueden para cumplir con lo que se les pide. Y luego se extrañan si los posibles clientes huimos despavoridos ante semejantes historias...