Hammer Horror

13 Dic, 2006

En Caso De Guerra Mundial, Nos Vamos Al Extranjero

— Escrito por dominatrix @ 12:45

Comienza el día despejado, con rastros de nubosidad a primera hora de la mañana y posible amenaza de tormenta de cara a últimos momentos de la tarde... Mi esposa me informa que alguien de Jazztel ha llamado esta mañana al número privado de casa, preguntando por mí con nombre y apellidos. Ella ha contestado que no estaba, y ellos han amenazado con volver a llamar. De ahí el pronóstico de tormenta para la tarde, y posible carnaza para el "blog" mañana. Según leemos en la página de la AI, la CMT está intentando poner coto a la guerra del ADSL a base de multas millonarias. Y en esta guerra, solo puede haber un bando perdedor: los usuarios.


El artículo es interesante, como casi todo lo relacionado con este tema que levanta pasiones. Conociendo a Mamá Telefónica, no me extraña que sea poco colaboradora con su distinguida competencia, y que la CMT quiera salvar las apariencia arreándole unos buenos palos donde mas le duele: la cuenta de resultados. Pero tampoco libraría de la quema al resto de operadoras, cuyos métodos son a veces tanto o mas deleznables que los de su principal competidora. Cito textualmente un pasaje del artículo de la AI:

"En concreto, seis de los expedientes parten de una denuncia contra
Telefónica de uno de sus rivales, con la acusación de que la operadora
dominante está retrasando o impidiendo su despliegue en ADSL y que, por
lo tanto, está perjudicando su capacidad de captar clientes."

Si por "captar clientes" entienden las aventuras y desventuras que llevo relatadas en algunas entradas de esta bitácora, apañados estamos. Propongo a mis presuntos lectores un pequeño experimento: entrad en Google y teclead "Problema" junto al nombre de una operadora al azar. Os quedaréis sorprendidos, palabra.

Puedo comprender que Telefónica tiene la red y todas las facilidades para desplegar lo que quiera. Pero me cuesta entender las políticas erráticas de algunas operadoras, y de la manera tan olímpica en la que desprecian a ese bien preciado que con tanto ahínco buscan: el cliente.


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