Los juegos de hoy en día...
Leo con estupor acerca de los múltiples sucesos que ha provocado el lanzamiento de la Playstation 3 en EE.UU. Sony ha fabricado pocas unidades para la demanda existente, y parece ser que la unidad de Blu-Ray encarece mucho el producto final. He oído muchas veces ya que la industria del videojuego mueve más dinero ya que la del cine, y me lo creo. Yo mismo soy un ávido consumidor de juegos para PC y todo un veterano que empezó a jugar con un Spectrum de 16Kb. El último juego que he probado, “Scarface: The World Is Yours”, de Vivendi / Sierra, me ha dado mucho qué pensar. ¿Nos preocupamos los adultos realmente de lo que juegan los más jóvenes?
Antes de empezar mi exposición, me gustaría que quedasen claras dos cosas: no soy ningún meapilas en materia de videojuegos, y no, no tengo hijos. En el primer apartado, declaro que desde el primer Doom, he probado prácticamente todos los 3D ultraviolentos que han salido al mercado: desde Duke Nukem a Blood, pasando por Painkiller, la saga completa de Quake, Unreal Tournament o Battlefield. Y en el segundo, que tengo sobrinos, y algunos, pese a su corta edad, son muy aficionados al entretenimiento electrónico: mi sobrino Alvaro, con nueve años, posee un portátil propio y una Nintendo DS. Y pongo especial atención en todo lo que le dejo jugar en mi PC o en el suyo: la DS es ya responsabilidad de su padre.
A lo que íbamos. Hace poco cayó en mis manos el juego antes citado, “Scarface: The World Is Yours”. Está basado en la película homónima de Brian de Palma, protagonizada por Al Pacino, y no por casualidad, ya que Vivendi es parte de la productora Universal, y posee los derechos de la obra. El binomio “cine-juego” nunca ha dado tan buen resultado como cabría esperar, pero “Scarface” era el primer videojuego que veía anunciado en carteles por la calle (como si se tratase del lanzamiento de un disco, o de un concierto), y eso me llamó la atención.
Radical Games, el desarrollador del juego, ha hecho un excelente trabajo, aunque me da la impresión de que “Scarface” está creado con la Xbox en mente, y que luego se ha trasladado al PC, como tantos otros juegos actuales. Se trata de un 3D en tercera persona en el que controlamos a Tony Montana (el muñequito poligonal es clavado a Al Pacino), en su intento por levantar de nuevo el imperio de droga, crimen y extorsión que una vez le perteneció. El éxito de “Grand Theft Auto” no ha pasado desapercibido para nadie, y el lanzamiento en DVD de la película original es una excusa tan buena como cualquier otra para continuar la racha.
La base de datos de PEGI (Pan European Game Information) otorga a “Scarface” un merecido “18”, pues contiene A) Violencia B) Lenguaje Soez y C) Muestra el uso de drogas. Es lógico: Montana trapicheaba con cocaína, no con regaliz, era un mafioso de cuidado y un auténtico psicópata. El juego no hace nada por endulzar estos aspectos, aunque desde una estricta perspectiva de videojuego y de “simulador mafioso”. Los medios para avanzar en el juego son variados: asesinar a pandilleros y enemigos, robar a las bandas rivales, escapar de la policía, traficar con cocaína a gran escala, blanquear dinero… Desde mi punto de vista de adulto, creo que el juego está bien hecho y es atractivo, aunque bastante complejo. “The Godfather”, de EA Games, de temática similar, me pareció mas asequible y mucho menos cafre. Si me gusta lo jugaré entero, y si no lo dejaré en la estantería de los juegos acabados u olvidados. Pero tengo muy claro que por su exceso de violencia (Tony tiene un marcador de “pelotas” –sic-, que se rellena matando enemigos e insultándoles, y que cuando está completo, le permite convertirse en un auténtico berseker) y sus durísimos diálogos (perlas como “Die, you fucking maricón” –sic de nuevo-, “Nobody fucks me!”, y ciento mas en inglés y castellano), este juego es del todo inapropiado para un menor. Vamos, que mi sobrino ni se va a enterar que lo tengo. Un día se puso pesado de que quería probar el Battlefield 2, y a lo mas que condescendí fue a dejarle ver el vídeo de introducción, muy bien hecho por cierto…